Legado cerámico mexicano
Las vajillas Ánfora, un clásico en los hogares mexicanos, representan la fusión perfecta entre la maestría alfarera nacional y la precisión tecnológica alemana. Con más de un siglo de historia, estos platos se han convertido en sinónimo de calidad y tradición, evocando recuerdos entrañables en cada comida. Su historia es una de innovación, resiliencia y arraigo cultural.
Desde su fundación en 1920 por cinco inmigrantes alemanes en la Ciudad de México, Ánfora se distinguió por combinar la artesanía mexicana con la tecnología germana. Esta sinergia resultó en vajillas de alta calidad, donde la destreza de los artesanos locales se complementaba con hornos y maquinaria innovadora. A pesar de los desafíos enfrentados durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo la intervención del gobierno mexicano, Ánfora logró mantenerse en el mercado, consolidándose como una marca de lujo en las décadas de los cincuenta y sesenta.
Esta consolidación le permitió adquirir una posición dominante en el mercado nacional, manteniendo sus estándares de calidad y diseño a lo largo de los años. En 1995, la fábrica trasladó sus operaciones a Pachuca, Hidalgo, donde continúa produciendo 7.5 millones de piezas anualmente. La clave del éxito de Ánfora reside en su porcelana vitrificada, que garantiza resistencia, durabilidad y seguridad alimentaria, al no absorber agua ni bacterias.
Con 105 años de trayectoria, Ánfora ha logrado trascender generaciones, manteniendo vivo el legado de una empresa que supo integrar lo mejor de dos culturas. Sus vajillas, presentes en las mesas de abuelas y familias mexicanas, son un testimonio de la calidad, el diseño y la tradición que caracterizan a esta icónica marca.



