Deporte y Clima
Los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 prometen ser un hito en sostenibilidad, pero la realidad ambiental presenta desafíos. A pesar de la dispersión geográfica, clave en su estrategia verde, el evento se enfrenta a críticas por su potencial huella de carbono.
El próximo 6 de febrero, Milano Cortina dará inicio a los Juegos Olímpicos de Invierno, un evento que busca redefinir los estándares de sostenibilidad en el mundo deportivo. La dispersión geográfica de las sedes se presenta como una estrategia central para minimizar el impacto ambiental, optimizando el uso de infraestructuras existentes y evitando la construcción de nuevas instalaciones innecesarias. Sin embargo, esta misma dispersión plantea interrogantes sobre las emisiones generadas por el transporte.
Expertos en sostenibilidad advierten que los Juegos podrían generar alrededor de 930,000 toneladas de emisiones de CO2. Esta cifra, ya considerable, se ve exacerbada por un pronosticado aumento del 160% en el tráfico aéreo, necesario para trasladar a atletas, equipos técnicos, espectadores y medios de comunicación entre las diversas sedes. El desafío reside en equilibrar la promesa de sostenibilidad con la realidad logística de un evento de esta magnitud.
La organización de Milano Cortina 2026 se enfrenta a la tarea de implementar estrategias de mitigación efectivas, como la promoción del transporte público, el uso de energías renovables y la compensación de emisiones a través de proyectos de reforestación. El éxito de los Juegos no solo se medirá en récords deportivos, sino también en su capacidad para demostrar un compromiso real con la protección del medio ambiente.



