Inclusión y Fe en Argentina
Mónica Astorga, una figura emblemática en Argentina, se ganó el apodo de "la monja de las trans" por su dedicación a la comunidad transgénero. Su labor, aunque profundamente apoyada por el Papa Francisco, finalmente la llevó a tomar una difícil decisión: abandonar el hábito religioso para continuar su misión.
Mónica Astorga irrumpió en la escena social argentina al consagrar su vida a la integración y el bienestar de la comunidad trans. Su enfoque innovador y su profundo compromiso la convirtieron en una figura de referencia, recibiendo el apodo de "la monja de las trans". La religiosa encontró en el Papa Francisco un aliado incondicional, cuyo apoyo fue fundamental para el desarrollo de sus proyectos. Astorga relata que el respaldo del Sumo Pontífice fue constante y crucial para llevar adelante iniciativas de inclusión y desarrollo social.
Sin embargo, su labor no estuvo exenta de desafíos. A pesar del apoyo de figuras clave dentro de la Iglesia, la naturaleza singular de su trabajo y la visibilidad que alcanzó generaron tensiones internas. Tras una profunda reflexión y discernimiento, Mónica Astorga tomó la determinación de abandonar el hábito religioso. Esta decisión, aunque dolorosa, fue motivada por el deseo de continuar su misión con mayor libertad y autonomía, sin las restricciones que implicaba su pertenencia a la orden.
La historia de Mónica Astorga resuena como un testimonio de fe, compromiso social y valentía. Su legado perdura en la vida de las personas trans a las que ha brindado apoyo y esperanza, demostrando que la vocación de servicio puede manifestarse de diversas formas y que la inclusión y la dignidad humana deben estar en el centro de cualquier acción social. La determinación de Astorga de seguir adelante con su labor, a pesar de las dificultades, la consolida como una figura inspiradora en la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ+ en Argentina.



