Economía venezolana en vilo
En medio de la incertidumbre política desatada por la reciente crisis tras la captura de Alex Saab, los venezolanos se enfrentan a una realidad palpable: el aumento descontrolado de los precios. El poder adquisitivo se desploma, generando una sensación generalizada de empobrecimiento que agudiza la crisis humanitaria preexistente.
La atención internacional se centra, comprensiblemente, en los acontecimientos políticos que sacuden a Venezuela, especialmente tras la detención de figuras clave como Alex Saab. Sin embargo, para la gran mayoría de los ciudadanos venezolanos, la preocupación más acuciante no reside en las intrigas palaciegas, sino en la escalada vertiginosa de los precios de bienes y servicios esenciales. Este fenómeno, exacerbado por la inestabilidad política, impacta directamente en el bolsillo de cada venezolano, erosionando su capacidad de compra y sumiéndolos en una sensación de precariedad económica.
Diversos testimonios recogidos en Caracas y otras ciudades del país reflejan una percepción común: “Me siento más pobre hoy que en diciembre”. Esta frase, repetida con frecuencia, resume la desesperanza ante la constante devaluación de la moneda y el incremento desproporcionado de los productos básicos. La hiperinflación, aunque oficialmente minimizada por el gobierno, sigue siendo una realidad innegable para el venezolano común, que ve cómo sus ingresos se diluyen rápidamente frente a la voracidad de los precios.
La situación económica, marcada por la escasez de divisas, la corrupción y las políticas económicas erráticas, se ha convertido en un círculo vicioso. La crisis política, lejos de ofrecer soluciones, parece agravar la situación, creando un clima de incertidumbre que ahuyenta la inversión y dificulta la recuperación económica. Mientras tanto, el venezolano de a pie lucha por sobrevivir en un contexto de inflación galopante y polarización política.



