Fútbol y Política Internacional
En un giro inesperado, Joseph Blatter, el controvertido expresidente de la FIFA, ha manifestado su apoyo a un boicot contra la Copa del Mundo de 2026, evento que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México. Esta postura se une a un creciente movimiento de aficionados que protestan contra las políticas antimigratorias impulsadas por el expresidente Donald Trump.
Joseph Blatter, quien dirigió la FIFA durante casi dos décadas, ha respaldado públicamente los llamados a boicotear el Mundial de 2026, una decisión que agrega una nueva capa de controversia al ya politizado evento. La iniciativa de boicot, impulsada principalmente por grupos de aficionados al fútbol, surge como una respuesta directa a las políticas migratorias implementadas durante la administración de Donald Trump en Estados Unidos, incluyendo las redadas llevadas a cabo por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La postura de Blatter, aunque no sorprende dada su historia de declaraciones polémicas, sí representa un espaldarazo significativo para el movimiento de boicot, otorgándole mayor visibilidad y legitimidad en el ámbito internacional. Sus críticos argumentan que esta acción busca desestabilizar un evento deportivo de gran magnitud, mezclando política y deporte de manera inapropiada. Sin embargo, sus defensores señalan que es una forma legítima de expresar descontento y presionar por un cambio en las políticas migratorias.
El Mundial de 2026, que se celebrará conjuntamente en Estados Unidos, Canadá y México, ya se encuentra en la mira de diversas controversias, desde la selección de sedes hasta las preocupaciones por derechos laborales y ambientales. La adhesión de Blatter al boicot, sin duda, añade una nueva complicación a la organización del torneo y plantea interrogantes sobre el impacto que podría tener en la participación y el desarrollo del evento.



