Análisis Político Internacional
El presidente estadounidense, Donald Trump, y su sucesor, Joe Biden, comparten una meta común impulsada por las necesidades del capital global: la proyección del poder. El incidente con Groenlandia evidenció la dinámica de tensión y reacción en las relaciones transatlánticas.
La administración de Donald Trump sentó las bases de una política exterior basada en la demostración de fuerza, una estrategia que, según el análisis, continuará bajo la administración de Joe Biden. El objetivo principal, independientemente del inquilino de la Casa Blanca, permanece constante: satisfacer las demandas del capital. La propuesta de Trump de adquirir Groenlandia, aunque finalmente descartada tras la reacción de la Unión Europea, sirvió como un recordatorio del poder latente del bloque y su disposición a defender sus intereses.
En el Foro Económico Mundial de Davos, Trump proclamó el fin del "orden mundial basado en reglas", marcando una ruptura con las normas establecidas y señalando la preeminencia de la fuerza en las relaciones internacionales. Si bien la situación con Europa se encuentra actualmente en un punto muerto, la presión para avanzar hacia la meta compartida Biden/Trump persiste, alimentada por las imperiosas necesidades del capital global.
Este enfoque en la fuerza, más allá de las diferencias retóricas entre administraciones, sugiere una continuidad en la política exterior estadounidense. La búsqueda de influencia y control, impulsada por intereses económicos poderosos, seguirá siendo un factor determinante en la interacción de Estados Unidos con el resto del mundo. La diplomacia, aunque presente, se verá cada vez más supeditada a la demostración de poderío económico y militar.



