Análisis Económico Global
El Foro Económico Mundial en Davos, programado del 19 al 23 de enero de 2026, vuelve a ser objeto de análisis. Fernando Buen Abad Domínguez desglosa el evento como una escenificación de poder donde la preocupación simulada protege intereses económicos.
Cada año, Davos se erige como un punto de encuentro simbólico entre capitales, estados y corporaciones. La edición del Foro Económico Mundial (WEF), que tendrá lugar del 19 al 23 de enero de 2026, no comienza con los discursos oficiales, sino con la propia atmósfera del valle alpino: pulcro, blindado y cubierto de nieve. Este escenario, según analistas como Fernando Buen Abad Domínguez, funciona como una metáfora visual de la distancia social y moral que separa a quienes toman las decisiones de aquellos que sufren sus consecuencias.
Davos se percibe como un signo recurrente que reafirma una premisa clave del capitalismo tardío: el mundo se encuentra en crisis, pero la gestión de esta crisis se lleva a cabo de manera más efectiva desde salones con calefacción, con acreditaciones al cuello y un lenguaje que aparenta preocupación, mientras se resguardan intereses específicos. Analizar Davos implica descifrar un texto repleto de símbolos hegemónicos, silencios estratégicos y gestos meticulosamente calculados, donde la verdadera intención a menudo difiere de lo que se expresa abiertamente.
El lema de este año, “A spirit of dialogue” (Un espíritu de diálogo), busca fomentar la cooperación y las conversaciones francas en un mundo cada vez más polarizado. Sin embargo, críticos como Buen Abad Domínguez cuestionan la autenticidad de este diálogo, señalando la posible desconexión entre el discurso oficial y las prácticas reales del evento.



