Salud global en la mira
Estados Unidos ha concretado su salida oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), poniendo fin a 78 años de membresía y liderazgo como principal donante. La decisión, impulsada por la administración Trump, se basa en acusaciones de que la OMS manejó inadecuadamente la respuesta a la pandemia global.
El retiro de Estados Unidos de la OMS marca un hito significativo en la geopolítica de la salud global. Durante casi ocho décadas, la nación norteamericana ha sido un pilar fundamental de la organización, proveyendo financiamiento crucial y ejerciendo influencia en sus políticas y programas. La administración del entonces presidente Donald Trump argumentó que la OMS falló en su deber de alertar tempranamente sobre la gravedad del brote de COVID-19 y que estaba indebidamente influenciada por China.
La salida formal se produjo después de que la administración Trump anunciara su intención de retirarse en julio de 2020, cumpliendo con el plazo de un año requerido para la notificación formal. La decisión generó controversia tanto a nivel nacional como internacional, con críticas que señalaban la importancia de la cooperación internacional en la lucha contra las enfermedades infecciosas y la necesidad de una respuesta global coordinada a las pandemias.
El futuro de la relación entre Estados Unidos y la OMS permanece incierto. Si bien la administración Biden reincorporó al país a la organización poco después de asumir el cargo, el impacto de la retirada, la pérdida de financiamiento y la erosión de la confianza podrían tener consecuencias duraderas en la capacidad de la OMS para responder a futuras crisis sanitarias a nivel mundial. La situación plantea interrogantes sobre el liderazgo en salud global y la necesidad de reformar la OMS para mejorar su eficiencia y rendición de cuentas.



