Acento 'fresa': Orígenes inesperados
El acento 'fresa', distintivo de un sector privilegiado en México, no surgió de la televisión ni la comedia. Su origen se rastrea a la década de los 70, influenciado por patrones de habla estadounidenses y las experiencias de jóvenes mexicanos que viajaban o vivían en Estados Unidos.
La Ciudad de México, crisol de diversos acentos, alberga uno particularmente llamativo: el acento 'fresa'. Contrario a la creencia popular, este modo de hablar no se originó con personajes mediáticos como 'El Pirrurris' o figuras musicales como Paulina Rubio. Su génesis se ubica a finales de los años sesenta y principios de los setenta, cuando un grupo social privilegiado comenzó a destacar en la capital mexicana. El Diccionario del español de México del Colmex (2010) define 'fresa' como perteneciente a una clase social privilegiada, pero la palabra trascendía el mero poder adquisitivo, abarcando modales, gustos y, por supuesto, una forma distintiva de hablar.
Un factor clave en la adopción de este acento fue la influencia estadounidense. Jóvenes mexicanos, con acceso a viajes y estancias en Estados Unidos, regresaban con algo más que bienes materiales. Traían consigo un ritmo diferente en su voz, alargando vocales, elevando la entonación al final de las frases e incorporando anglicismos. Esta imitación, consciente o no, reflejaba el estilo 'preppy' y patrones de habla juveniles comunes en Estados Unidos.
La lingüista Gabriela Galmos ha señalado que el alargamiento de vocales y la entonación ascendente son características fonéticas clave del acento 'fresa', similares a variantes del habla influenciadas por el inglés en comunidades bilingües. Esta percepción no solo se confirma en estudios académicos, sino también en la experiencia cotidiana de migrantes, quienes reconocen patrones similares en el habla de regiones como la costa oeste de Estados Unidos.



