Innovación en Xinjiang
Durante más de mil años, el desierto de Taklamakán, en la región china de Xinjiang, fue considerado un territorio implacable y evitado por los humanos. Ahora, gracias a la innovación tecnológica y la acuicultura, este "lugar de no retorno" se está convirtiendo en un sorprendente oasis de producción pesquera.
El desierto de Taklamakán, con sus 337,000 kilómetros cuadrados de dunas que alcanzan alturas de hasta 300 metros, ha representado históricamente un desafío formidable para la humanidad. Su nombre, derivado de la lengua uigur, refleja su reputación como un lugar peligroso y desolado. Sin embargo, en los últimos años, China ha implementado una estrategia innovadora para transformar esta extensión arenosa en un centro de acuicultura.
La clave de este proyecto radica en el aprovechamiento de las aguas salino-alcalinas presentes en la región, combinadas con la construcción de estanques recubiertos para evitar la filtración y la implementación de avanzados sistemas de recirculación de agua. Estas tecnologías permiten un control preciso de las condiciones del agua, optimizando el entorno para la cría de diversas especies acuáticas. El éxito de esta iniciativa se refleja en las cifras de producción: solo en 2024, la acuicultura local alcanzó las 196,500 toneladas.
Si bien el proyecto representa un logro significativo, el contexto ambiental plantea desafíos importantes. La región se caracteriza por precipitaciones anuales inferiores a los 100 milímetros, alta evaporación y suelos salinizados. La subcuenca del río Tarim depende del deshielo para su abastecimiento de agua, lo que exige una gestión cuidadosa y sostenible de los recursos hídricos. La iniciativa, centrada en la construcción de estanques monitorizados, ha demostrado ser eficaz en la cría de especies como meros, mújoles, camarones, ostras y mejillones perleros.



