Política Exterior de EE. UU.
El primer año del segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca ha estado marcado por un cambio de tono en la política exterior hacia América Latina. De un discurso inicial de desinterés, la administración Trump se ha encontrado lidiando con tensiones y dependencias críticas en la región, especialmente en materia migratoria.
Donald Trump regresó a la Casa Blanca con una retórica que minimizaba la importancia de América Latina para los Estados Unidos. Sin embargo, la realidad política y social rápidamente impuso un giro en su estrategia. Las tensiones no tardaron en surgir, particularmente con Colombia, México y Venezuela, países con los que EE. UU. mantuvo relaciones complejas durante su anterior administración.
Un factor clave en este cambio fue la agenda migratoria del gobierno de Trump. La administración se dio cuenta de que el control fronterizo y la gestión de flujos migratorios dependían en gran medida de la cooperación de los países de la región. La colaboración de México, en particular, se volvió esencial para implementar políticas restrictivas y gestionar el flujo de migrantes hacia el norte.
La corresponsal en Washington, Natalia Cabrera, señala que este primer año ha revelado la interdependencia entre Estados Unidos y América Latina, contradiciendo la retórica inicial de la administración Trump. La necesidad de abordar desafíos como la migración ha forzado a la Casa Blanca a reconocer la importancia estratégica de la región y a buscar, aunque sea a regañadientes, una cooperación regional más estrecha.



