Psicología y Sociedad
Nuestro cerebro, lejos de la objetividad, reacciona ante la discordancia como una amenaza. Un experto revela cómo la neurociencia desentraña este proceso y propone estrategias para cultivar la escucha activa.
La confrontación de ideas, un pilar fundamental del debate y el progreso, desencadena en el cerebro una respuesta inicial sorprendente: la detección de un conflicto. Según un experto en neurociencia cognitiva, al enfrentarnos a opiniones contrarias a las nuestras, la maquinaria cerebral no se lanza inmediatamente a evaluar la solidez de los argumentos presentados. En cambio, prioriza la identificación de una discrepancia, activando circuitos neuronales asociados a la percepción de una amenaza o desafío.
Esta respuesta instintiva, arraigada en nuestra evolución, puede obstaculizar la capacidad de dialogar constructivamente y comprender perspectivas ajenas. Sin embargo, la buena noticia es que el cerebro posee una notable plasticidad, permitiendo el desarrollo de habilidades para mitigar esta reacción primaria. El experto sugiere que, a través de la práctica consciente y la exposición gradual a puntos de vista divergentes, podemos entrenar al cerebro para abordar la disidencia con mayor serenidad y apertura mental.
Entre las estrategias propuestas se encuentran la respiración consciente, la práctica de la empatía y la reformulación de la disidencia como una oportunidad para el aprendizaje y el crecimiento personal. Al modificar nuestra respuesta emocional inicial, se allana el camino para un análisis más objetivo y considerado de los argumentos en juego, fomentando así un diálogo más fructífero y enriquecedor para todas las partes involucradas.



