Alimento ancestral resurge con fuerza
El amaranto, semilla emblemática de Tulyehualco, Xochimilco, está recuperando protagonismo en las escuelas de la Ciudad de México. Esta revitalización se debe, en parte, a la prohibición de alimentos chatarra, impulsando un regreso a opciones nutritivas y tradicionales.
En el corazón de Xochimilco, Santiago Tulyehualco mantiene viva una tradición milenaria: el cultivo del amaranto. Esta semilla, arraigada en la identidad agrícola de la zona desde tiempos prehispánicos, persiste a pesar del avance urbano y se alza como un símbolo de alimentación saludable. Su resurgimiento coincide con la implementación de políticas que buscan erradicar la comida chatarra de las cooperativas escolares, abriendo paso a productos nutritivos y culturalmente significativos.
El proceso de cultivo del amaranto en Tulyehualco es un legado transmitido de generación en generación. Familias enteras se dedican a la siembra, cuidado y cosecha de esta planta, cuyo ciclo agrícola marca el ritmo de vida de la comunidad. La semilla cosechada se transforma en una variedad de productos, desde las tradicionales alegrías hasta harinas, galletas y bebidas, consolidando la fama de la región como productora de amaranto de alta calidad.
Más allá de su valor nutricional, el amaranto de Tulyehualco representa un patrimonio cultural invaluable. Las familias productoras han diversificado su oferta, creando productos innovadores como churritos y barras energéticas, demostrando la versatilidad de esta semilla ancestral. Su presencia en las escuelas no solo promueve una alimentación más saludable, sino que también fortalece la conexión con las raíces y tradiciones de México.



